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La Coctelera

ciudadanodelmundo

24 Julio 2014

Las tres conferencias: Nasrudin es el profesor del Misticismo y de las Paradojas. Por dos motivos: su impresionante paciencia para escuchar cualquier problema, por largo o pesado que resulte, y su aún más extraordinaria facilidad para sintetizar el meo

En plena discusión, no nos dimos cuenta de que se acercaba Nasrudin, quien se detuvo a escucharnos y sonrió al captar el tema de fondo.

- Oh, esto ha sido siempre así -dijo entonces-. No penséis que los tertulianos son un fenómeno contemporáneo. En todas las épocas hubo listillos.

Y nos contó lo que le ocurrió cuando, siendo él joven, le mandaron de profesor a un lejano pueblecito de Oriente Medio... Por entonces ya se le daba bastante bien tratar con chavales y traía una ligera fama de ser un tipo bastante erudito y capaz de responder a casi cualquier pregunta. Así que el alcalde del pueblo, junto con el resto de las autoridades del mismo, le exigieron que diera una conferencia a todos los vecinos. El mulá estaba preocupado porque no tenía nada especial que decir, ni además tenía gana alguna de llamar la atención, así que decidió improvisar sobre la marcha. Cuando le hicieron subir a un escenario construido al efecto en la misma plaza del centro de la localidad, entró pisando fuerte, se detuvo delante de la expectante audiencia y dijo:

-Si habéis venido hasta aquí, supongo que ya sabréis lo que puedo deciros.

- No lo sabemos -contestaron algunas voces entre el público-. ¡Háblanos e ilumínanos con tus conocimientos!

Nasrudin se encogió de hombros y dijo:

- Pues si habéis venido sin saber lo que puedo deciros, entonces no estáis preparados para escucharlo.


Dicho lo cual, se bajó del escenario y se marchó, aliviado porque su estratagema le había funcionado. Y ¿cómo? Muy sencillo: Nasrudin, como buen filósofo y psicólogo de la gente, sabía que siempre saldría alguien del público, un crítico o un tertuliano, queriendo quedar por encima de sus vecinos. Y discutiendo lo que dijera esta persona, a él le dejarían en paz. En efecto, eso es lo que sucedió. Mientras la gente empezaba a indignarse por lo ocurrido y pensaban en ir a su casa a protestar por una conferencia tan rara, el tertuliano de turno apareció. Fue uno de sus nuevos vecinos quien dijo:


- Qué tipo tan inteligente.


Como sucede siempre cuando las personas sin criterio no entienden nada pero alguien dice en voz alta "qué inteligente", "qué bello", "qué profundo" o "qué-lo-que-sea", todos empezaron a repetir lo mismo para no quedar como ignorantes. Es el mismo mecanismo que el del cuento del traje nuevo del emperador...

Entonces, otro asistente dijo:


- No sé si muy inteligente, pero lo que sí ha sido es muy breve.


El tertuliano, por no perder la posición en la que había quedado por encima de los demás, aclaró:


- Por supuesto, ya que los sabios siempre son breves, además de inteligentes.

Tiene toda la razón. Fijaos: ¿cómo vamos a venir aquí sin saber siquiera lo que venimos a escuchar? Hemos sido un poco tontos.

De hecho, hemos perdido una oportunidad maravillosa para captar la sabiduría de este gran hombre. Pidámosle a Nasrudin que nos dé otra conferencia, de la que realmente podamos sacar más fruto.


El mulá, que pensaba que le dejarían en paz, se sorprendió de que la comisión de autoridades se presentara de nuevo en su casa para exigirle que diera esa segunda conferencia. Él trató de negar el cartel que le habían puesto e insistió en que no tenía mucho más que decir pero la comisión interpretó sus reticencias pensando que
Nasrudin era un hombre muy humilde..., y no pararon hasta que éste aceptó.


Al día siguiente, pues, segunda conferencia en el mismo escenario.
Nasrudin empleó la misma táctica, diciendo las mismas palabras que la vez anterior:

- Si habéis venido hasta aquí, supongo que ya sabréis lo que puedo deciros.

- Sí, claro que lo sabemos -contestaron algunas voces entre el público, para demostrarle que no pretendían ofenderle como pensaban habían hecho en la conferencia anterior- y por eso hemos venido.

- Bueno, pues si ya lo sabéis, no veo la necesidad de repetirme -y se fue por donde había venido.

El público se quedó igual de estupefacto que la vez anterior, porque habían dicho una cosa diferente pero el resultado había sido el mismo. Se volvieron hacia el tertuliano pidiendo explicaciones y éste, sin saber muy bien por dónde salir, dijo entonces:

- Qué tipo tan brillante..., es el complemento perfecto a la conferencia de ayer. Y qué capacidad de síntesis para decir tantas cosas con tan pocas palabras...

Los demás se fiaron de lo que decía el tertuliano y empezaron a calificarle también de brillante sin saber muy bien por qué. No tardaron mucho en aparecer las voces que deseaban más: una tercera conferencia, que redondeara tanta exposición de sabiduría..., o que al menos les permitiera enterarse de algo. La comisión de notables se reunió de nuevo y regresó a casa del mulá. Éste, que esperaba haber terminado ya con tanta ida y venida, se desesperó por la insistencia y les preguntó a las autoridades qué tenía que hacer para que le creyeran cuando afirmaba que no tenía nada que contar. No poseía conocimientos suficientes para dar dos conferencias..., así que mucho menos para dar tres.

- Será sólo una más. La conferencia definitiva -le rogaron.

Nasrudin aceptó finalmente pero no sin antes forzar a los miembros de la comisión a firmar un compromiso según el cual no estaría obligado a dar ni una sola comparecencia pública más a propósito de su presunta sabiduría. Luego escribió a sus superiores solicitando ser trasladado a otra localidad, pues se sentía agobiado por todo lo ocurrido en aquel pueblo tan pequeño donde él había pensado que viviría tranquilo.

Llegó pues el tercer día y, con él, la tercera conferencia. Al igual que sucediera en las jornadas anteriores, el mulá Nasrudin subió con cierta solemnidad al escenario y pronunció su frase de siempre:

- Si habéis venido hasta aquí, supongo que ya sabréis lo que puedo deciros.

El público se había puesto de acuerdo, siguiendo las instrucciones de la comisión de autoridades y a indicación del tertuliano. Así que le gritaron:

- Algunos sí y otros no.

Durante un instante se produjo un silencio impresionante. Todos concentraron sus miradas sobre Nasrudin, conteniendo el aliento ante la contestación que pudiera dar y esperando que, esta vez sí, fuera más amplia, más explicativa y más nutritiva intelectualmente. Al fin, el mulá respondió:

- En ese caso, los que ya lo saben, que se lo cuenten a los que no.

Y se fue.

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24 Julio 2014

Las tres conferencias: Nasrudin es el profesor del Misticismo y de las Paradojas. Por dos motivos: su impresionante paciencia para escuchar cualquier problema, por largo o pesado que resulte, y su aún más extraordinaria facilidad para sintetizar el meo

En plena discusión, no nos dimos cuenta de que se acercaba Nasrudin, quien se detuvo a escucharnos y sonrió al captar el tema de fondo.

- Oh, esto ha sido siempre así -dijo entonces-. No penséis que los tertulianos son un fenómeno contemporáneo. En todas las épocas hubo listillos.

Y nos contó lo que le ocurrió cuando, siendo él joven, le mandaron de profesor a un lejano pueblecito de Oriente Medio... Por entonces ya se le daba bastante bien tratar con chavales y traía una ligera fama de ser un tipo bastante erudito y capaz de responder a casi cualquier pregunta. Así que el alcalde del pueblo, junto con el resto de las autoridades del mismo, le exigieron que diera una conferencia a todos los vecinos. El mulá estaba preocupado porque no tenía nada especial que decir, ni además tenía gana alguna de llamar la atención, así que decidió improvisar sobre la marcha. Cuando le hicieron subir a un escenario construido al efecto en la misma plaza del centro de la localidad, entró pisando fuerte, se detuvo delante de la expectante audiencia y dijo:

-Si habéis venido hasta aquí, supongo que ya sabréis lo que puedo deciros.

- No lo sabemos -contestaron algunas voces entre el público-. ¡Háblanos e ilumínanos con tus conocimientos!

Nasrudin se encogió de hombros y dijo:

- Pues si habéis venido sin saber lo que puedo deciros, entonces no estáis preparados para escucharlo.


Dicho lo cual, se bajó del escenario y se marchó, aliviado porque su estratagema le había funcionado. Y ¿cómo? Muy sencillo: Nasrudin, como buen filósofo y psicólogo de la gente, sabía que siempre saldría alguien del público, un crítico o un tertuliano, queriendo quedar por encima de sus vecinos. Y discutiendo lo que dijera esta persona, a él le dejarían en paz. En efecto, eso es lo que sucedió. Mientras la gente empezaba a indignarse por lo ocurrido y pensaban en ir a su casa a protestar por una conferencia tan rara, el tertuliano de turno apareció. Fue uno de sus nuevos vecinos quien dijo:


- Qué tipo tan inteligente.


Como sucede siempre cuando las personas sin criterio no entienden nada pero alguien dice en voz alta "qué inteligente", "qué bello", "qué profundo" o "qué-lo-que-sea", todos empezaron a repetir lo mismo para no quedar como ignorantes. Es el mismo mecanismo que el del cuento del traje nuevo del emperador...

Entonces, otro asistente dijo:


- No sé si muy inteligente, pero lo que sí ha sido es muy breve.


El tertuliano, por no perder la posición en la que había quedado por encima de los demás, aclaró:


- Por supuesto, ya que los sabios siempre son breves, además de inteligentes.

Tiene toda la razón. Fijaos: ¿cómo vamos a venir aquí sin saber siquiera lo que venimos a escuchar? Hemos sido un poco tontos.

De hecho, hemos perdido una oportunidad maravillosa para captar la sabiduría de este gran hombre. Pidámosle a Nasrudin que nos dé otra conferencia, de la que realmente podamos sacar más fruto.


El mulá, que pensaba que le dejarían en paz, se sorprendió de que la comisión de autoridades se presentara de nuevo en su casa para exigirle que diera esa segunda conferencia. Él trató de negar el cartel que le habían puesto e insistió en que no tenía mucho más que decir pero la comisión interpretó sus reticencias pensando que
Nasrudin era un hombre muy humilde..., y no pararon hasta que éste aceptó.


Al día siguiente, pues, segunda conferencia en el mismo escenario.
Nasrudin empleó la misma táctica, diciendo las mismas palabras que la vez anterior:

- Si habéis venido hasta aquí, supongo que ya sabréis lo que puedo deciros.

- Sí, claro que lo sabemos -contestaron algunas voces entre el público, para demostrarle que no pretendían ofenderle como pensaban habían hecho en la conferencia anterior- y por eso hemos venido.

- Bueno, pues si ya lo sabéis, no veo la necesidad de repetirme -y se fue por donde había venido.

El público se quedó igual de estupefacto que la vez anterior, porque habían dicho una cosa diferente pero el resultado había sido el mismo. Se volvieron hacia el tertuliano pidiendo explicaciones y éste, sin saber muy bien por dónde salir, dijo entonces:

- Qué tipo tan brillante..., es el complemento perfecto a la conferencia de ayer. Y qué capacidad de síntesis para decir tantas cosas con tan pocas palabras...

Los demás se fiaron de lo que decía el tertuliano y empezaron a calificarle también de brillante sin saber muy bien por qué. No tardaron mucho en aparecer las voces que deseaban más: una tercera conferencia, que redondeara tanta exposición de sabiduría..., o que al menos les permitiera enterarse de algo. La comisión de notables se reunió de nuevo y regresó a casa del mulá. Éste, que esperaba haber terminado ya con tanta ida y venida, se desesperó por la insistencia y les preguntó a las autoridades qué tenía que hacer para que le creyeran cuando afirmaba que no tenía nada que contar. No poseía conocimientos suficientes para dar dos conferencias..., así que mucho menos para dar tres.

- Será sólo una más. La conferencia definitiva -le rogaron.

Nasrudin aceptó finalmente pero no sin antes forzar a los miembros de la comisión a firmar un compromiso según el cual no estaría obligado a dar ni una sola comparecencia pública más a propósito de su presunta sabiduría. Luego escribió a sus superiores solicitando ser trasladado a otra localidad, pues se sentía agobiado por todo lo ocurrido en aquel pueblo tan pequeño donde él había pensado que viviría tranquilo.

Llegó pues el tercer día y, con él, la tercera conferencia. Al igual que sucediera en las jornadas anteriores, el mulá Nasrudin subió con cierta solemnidad al escenario y pronunció su frase de siempre:

- Si habéis venido hasta aquí, supongo que ya sabréis lo que puedo deciros.

El público se había puesto de acuerdo, siguiendo las instrucciones de la comisión de autoridades y a indicación del tertuliano. Así que le gritaron:

- Algunos sí y otros no.

Durante un instante se produjo un silencio impresionante. Todos concentraron sus miradas sobre Nasrudin, conteniendo el aliento ante la contestación que pudiera dar y esperando que, esta vez sí, fuera más amplia, más explicativa y más nutritiva intelectualmente. Al fin, el mulá respondió:

- En ese caso, los que ya lo saben, que se lo cuenten a los que no.

Y se fue.

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24 Julio 2014

Las tres conferencias: Nasrudin es el profesor del Misticismo y de las Paradojas. Por dos motivos: su impresionante paciencia para escuchar cualquier problema, por largo o pesado que resulte, y su aún más extraordinaria facilidad para sintetizar el meo

En plena discusión, no nos dimos cuenta de que se acercaba Nasrudin, quien se detuvo a escucharnos y sonrió al captar el tema de fondo.

- Oh, esto ha sido siempre así -dijo entonces-. No penséis que los tertulianos son un fenómeno contemporáneo. En todas las épocas hubo listillos.

Y nos contó lo que le ocurrió cuando, siendo él joven, le mandaron de profesor a un lejano pueblecito de Oriente Medio... Por entonces ya se le daba bastante bien tratar con chavales y traía una ligera fama de ser un tipo bastante erudito y capaz de responder a casi cualquier pregunta. Así que el alcalde del pueblo, junto con el resto de las autoridades del mismo, le exigieron que diera una conferencia a todos los vecinos. El mulá estaba preocupado porque no tenía nada especial que decir, ni además tenía gana alguna de llamar la atención, así que decidió improvisar sobre la marcha. Cuando le hicieron subir a un escenario construido al efecto en la misma plaza del centro de la localidad, entró pisando fuerte, se detuvo delante de la expectante audiencia y dijo:

-Si habéis venido hasta aquí, supongo que ya sabréis lo que puedo deciros.

- No lo sabemos -contestaron algunas voces entre el público-. ¡Háblanos e ilumínanos con tus conocimientos!

Nasrudin se encogió de hombros y dijo:

- Pues si habéis venido sin saber lo que puedo deciros, entonces no estáis preparados para escucharlo.


Dicho lo cual, se bajó del escenario y se marchó, aliviado porque su estratagema le había funcionado. Y ¿cómo? Muy sencillo: Nasrudin, como buen filósofo y psicólogo de la gente, sabía que siempre saldría alguien del público, un crítico o un tertuliano, queriendo quedar por encima de sus vecinos. Y discutiendo lo que dijera esta persona, a él le dejarían en paz. En efecto, eso es lo que sucedió. Mientras la gente empezaba a indignarse por lo ocurrido y pensaban en ir a su casa a protestar por una conferencia tan rara, el tertuliano de turno apareció. Fue uno de sus nuevos vecinos quien dijo:


- Qué tipo tan inteligente.


Como sucede siempre cuando las personas sin criterio no entienden nada pero alguien dice en voz alta "qué inteligente", "qué bello", "qué profundo" o "qué-lo-que-sea", todos empezaron a repetir lo mismo para no quedar como ignorantes. Es el mismo mecanismo que el del cuento del traje nuevo del emperador...

Entonces, otro asistente dijo:


- No sé si muy inteligente, pero lo que sí ha sido es muy breve.


El tertuliano, por no perder la posición en la que había quedado por encima de los demás, aclaró:


- Por supuesto, ya que los sabios siempre son breves, además de inteligentes.

Tiene toda la razón. Fijaos: ¿cómo vamos a venir aquí sin saber siquiera lo que venimos a escuchar? Hemos sido un poco tontos.

De hecho, hemos perdido una oportunidad maravillosa para captar la sabiduría de este gran hombre. Pidámosle a Nasrudin que nos dé otra conferencia, de la que realmente podamos sacar más fruto.


El mulá, que pensaba que le dejarían en paz, se sorprendió de que la comisión de autoridades se presentara de nuevo en su casa para exigirle que diera esa segunda conferencia. Él trató de negar el cartel que le habían puesto e insistió en que no tenía mucho más que decir pero la comisión interpretó sus reticencias pensando que
Nasrudin era un hombre muy humilde..., y no pararon hasta que éste aceptó.


Al día siguiente, pues, segunda conferencia en el mismo escenario.
Nasrudin empleó la misma táctica, diciendo las mismas palabras que la vez anterior:

- Si habéis venido hasta aquí, supongo que ya sabréis lo que puedo deciros.

- Sí, claro que lo sabemos -contestaron algunas voces entre el público, para demostrarle que no pretendían ofenderle como pensaban habían hecho en la conferencia anterior- y por eso hemos venido.

- Bueno, pues si ya lo sabéis, no veo la necesidad de repetirme -y se fue por donde había venido.

El público se quedó igual de estupefacto que la vez anterior, porque habían dicho una cosa diferente pero el resultado había sido el mismo. Se volvieron hacia el tertuliano pidiendo explicaciones y éste, sin saber muy bien por dónde salir, dijo entonces:

- Qué tipo tan brillante..., es el complemento perfecto a la conferencia de ayer. Y qué capacidad de síntesis para decir tantas cosas con tan pocas palabras...

Los demás se fiaron de lo que decía el tertuliano y empezaron a calificarle también de brillante sin saber muy bien por qué. No tardaron mucho en aparecer las voces que deseaban más: una tercera conferencia, que redondeara tanta exposición de sabiduría..., o que al menos les permitiera enterarse de algo. La comisión de notables se reunió de nuevo y regresó a casa del mulá. Éste, que esperaba haber terminado ya con tanta ida y venida, se desesperó por la insistencia y les preguntó a las autoridades qué tenía que hacer para que le creyeran cuando afirmaba que no tenía nada que contar. No poseía conocimientos suficientes para dar dos conferencias..., así que mucho menos para dar tres.

- Será sólo una más. La conferencia definitiva -le rogaron.

Nasrudin aceptó finalmente pero no sin antes forzar a los miembros de la comisión a firmar un compromiso según el cual no estaría obligado a dar ni una sola comparecencia pública más a propósito de su presunta sabiduría. Luego escribió a sus superiores solicitando ser trasladado a otra localidad, pues se sentía agobiado por todo lo ocurrido en aquel pueblo tan pequeño donde él había pensado que viviría tranquilo.

Llegó pues el tercer día y, con él, la tercera conferencia. Al igual que sucediera en las jornadas anteriores, el mulá Nasrudin subió con cierta solemnidad al escenario y pronunció su frase de siempre:

- Si habéis venido hasta aquí, supongo que ya sabréis lo que puedo deciros.

El público se había puesto de acuerdo, siguiendo las instrucciones de la comisión de autoridades y a indicación del tertuliano. Así que le gritaron:

- Algunos sí y otros no.

Durante un instante se produjo un silencio impresionante. Todos concentraron sus miradas sobre Nasrudin, conteniendo el aliento ante la contestación que pudiera dar y esperando que, esta vez sí, fuera más amplia, más explicativa y más nutritiva intelectualmente. Al fin, el mulá respondió:

- En ese caso, los que ya lo saben, que se lo cuenten a los que no.

Y se fue.

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19 Julio 2014

¿Sabes decir NO?...Sí tu vida no te permite vivir el cada día...!!!Cambia de vida¡¡¡...

NO es NO

Y hay una sola manera de decirlo: NO.

Sin admiración, ni interrogantes, ni puntos suspensivos.

NO se dice de una sola manera.

Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto: NO

Se dice de una sola vez.

Un NO que necesita de una larga caminata o una reflexión en el jardín, no es NO.

Un NO que necesita explicaciones y justificativos, no es NO.

NO, tiene la brevedad de un segundo.

Es un NO para el otro, porque ya lo fue para uno mismo.

NO es NO, aquí y muy lejos de aquí.

NO, no deja puertas abiertas, ni entrampa con esperanzas, ni puede dejar de ser.

NO, aunque el otro y el mundo se pongan patas arriba.

NO, es el último acto de dignidad; el fin de un libro sin más capítulos ni segundas partes.

NO, no se dice por carta, ni se dice con silencios, ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha, ni mirando hacia otro lado, ni con pena y menos aún con satisfacción.

NO es NO, porque NO.

Cuando el NO es NO, se mirará a los ojos y el NO se descolgará naturalmente de los labios; la voz no será trémula, ni vacilante, ni agresiva, pero tampoco dejará duda alguna.

Ese NO, no es una  negación del pasado.

Es una corrección del futuro.

y sólo quien sabe decir NO, puede decir SÍ.

Fuente: www.aapvf.com.ar

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19 Julio 2014

No educas cuando...Un pueblo puede tener piedras, garrotes, pistolas o cañones; aún así, si no tiene libros está completamente desarmado...El conocimiento es poder. Ármate!...

No educas cuando...

 

No educas cuando impones tus convicciones,

sino cuando suscitas convicciones personales.

No educas cuando impones conductas,

sino cuando propones valores que motivan.

No educas cuando impones caminos,

sino cuando enseñas a caminar.

No educas cuando impones el sometimiento,

sino cuando despiertas el coraje de ser libres.

No educas cuando impones tus ideas,

sino cuando fomentas la capacidad de pensar por cuenta propia.

No educas cuando impones el terror que aísla,

sino cuando liberas el amor que acerca y comunica.

No educas cuando impones tu autoridad,

sino cuando cultivas la autonomía del otro.

No educas cuando impones la uniformidad que adocena,

sino cuando respetas la originalidad que diferencia.

No educas cuando impones la verdad,

sino cuando enseñas a buscarla honestamente.

No educas cuando impones un castigo,

sino cuando ayudas a aceptar una sanción.

No educas cuando impones disciplina,

sino cuando formas personas responsables.

No educas cuando impones autoritariamente el respeto,

sino cuando lo ganas con tu autoridad de persona respetable.

No educas cuando impones el miedo que paraliza,

sino cuando logras la admiración que estimula.

No educas cuando impones información a la memoria,

sino cuando muestras el sentido de la vida.

No educas cuando impones a Dios,

sino cuando lo haces presente con tu vida.

Rene J. Trossero.

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19 Julio 2014

Todo depende de la posición...El Kamasutra que te dará el mayor placer

TODO DEPENDE DE LA POSICIÓN...

Según estudios recientes,

hacerlo parado fortalece la columna;
boca abajo estimula la circulación de la sangre;
boca arriba es más placentero;
hacerlo solo es bueno, pero egoísta;
en grupo puede ser divertido;
en el baño es muy digestivo; 
en el auto puede ser peligroso...
Hacerlo con frecuencia, desarrolla la imaginación;
entre dos, enriquece el conocimiento;
de rodillas, resulta doloroso...
En fin, sobre la mesa o sobre el escritorio,

antes de comer de sobremesa,
sobre la cama en la hamaca,
desnudos
o vestidos,
sobre el césped o en la alfombra,
con música o en silencio,
entre sábanas o en el closet:
hacerlo, siempre es un acto de amor de enriquecimiento.
No importa la edad, ni la raza, ni el credo, ni el sexo, ni la posición económica...
*

*

*

*

*

*

*

*

*

*

*

*



... Leer es un placer!!!



DEFINITIVAMENTE, LO MEJOR ES LEER Y DISFRUTAR DE LA IMAGINACIÓN, Y TÚ LO

ACABAS DE EXPERIMENTAR.

¡¡ENRIQUECE TU HÁBITO POR LA LECTURA!!

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19 Julio 2014

Todo depende de la posición...El Kamasutra que te dará el mayor placer

TODO DEPENDE DE LA POSICIÓN...

Según estudios recientes,

hacerlo parado fortalece la columna;
boca abajo estimula la circulación de la sangre;
boca arriba es más placentero;
hacerlo solo es bueno, pero egoísta;
en grupo puede ser divertido;
en el baño es muy digestivo; 
en el auto puede ser peligroso...
Hacerlo con frecuencia, desarrolla la imaginación;
entre dos, enriquece el conocimiento;
de rodillas, resulta doloroso...
En fin, sobre la mesa o sobre el escritorio,

antes de comer de sobremesa,
sobre la cama en la hamaca,
desnudos
o vestidos,
sobre el césped o en la alfombra,
con música o en silencio,
entre sábanas o en el closet:
hacerlo, siempre es un acto de amor de enriquecimiento.
No importa la edad, ni la raza, ni el credo, ni el sexo, ni la posición económica...
*

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... Leer es un placer!!!



DEFINITIVAMENTE, LO MEJOR ES LEER Y DISFRUTAR DE LA IMAGINACIÓN, Y TÚ LO

ACABAS DE EXPERIMENTAR.

¡¡ENRIQUECE TU HÁBITO POR LA LECTURA!!

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Todo depende de la posición...El Kamasutra que te dará el mayor placer

TODO DEPENDE DE LA POSICIÓN...

Según estudios recientes,

hacerlo parado fortalece la columna;
boca abajo estimula la circulación de la sangre;
boca arriba es más placentero;
hacerlo solo es bueno, pero egoísta;
en grupo puede ser divertido;
en el baño es muy digestivo; 
en el auto puede ser peligroso...
Hacerlo con frecuencia, desarrolla la imaginación;
entre dos, enriquece el conocimiento;
de rodillas, resulta doloroso...
En fin, sobre la mesa o sobre el escritorio,

antes de comer de sobremesa,
sobre la cama en la hamaca,
desnudos
o vestidos,
sobre el césped o en la alfombra,
con música o en silencio,
entre sábanas o en el closet:
hacerlo, siempre es un acto de amor de enriquecimiento.
No importa la edad, ni la raza, ni el credo, ni el sexo, ni la posición económica...
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En todo el mundo no hay nadie como yo. Soy dueño de mi cuerpo, mis pensamientos, mis ideas; me pertenecen las imágenes que ven mis ojos y tengo que saber escogerlas. Poseo mis propias fantasías, mis sueños, esperanzas y miedos. Dado que soy dueño de mí mismo, tengo que conocerme íntimamente.Hay aspectos de mí que me confunden, otros que desconozco. Sin embargo. esté o no de acuerdo con todo lo que soy, esto es auténtico y representa el momento en el que vivo. Me amo, me cultivo, me consiento y me felicito,para amarme, tengo que ser yo mismo, amarme con mis virtudes y mis defectos, mi pasado, mis éxitos y mis fracasos. Descubro mis capacidades, mis valores, transformo mis defectos en cualídades, lucho por mejorar. Para cultivarme, me señalo un plan de estudios, de lectura, de conocimientos que me ayuden a superar, de amigos que sean impulso y soporte de mi superación. Me alejo de todo ser, hecho, o acto que pueda lesionarme. Para consentirme me premio de pensamiento y obra porque estoy en el camino de la superación. Me hago un regalo.Me miro al espejo y le hablo a ese amigo maravilloso y perfecto que siempre confía en mí. Y me felicito porque, Bueno soy estupendo! Me amo!

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