LA ORACION DEL HIPPY
La Oración del hippy
“En busca de la oveja Descarriada”
Enviado por Eliseo Jiménez jr
No quiero rezar señor...
Quiero algo distinto:
decir porqué no lloro,
decir porqué río tanto
decir porqué no imploro
decir porqué grito y canto...
Señor, siento acá muy adentro
La zozobra del temor,
temo porque no se ama;
temo por los que no comen,
temo por mí casa,
temo por los que no duermen,
temo por mí mismo,
temo por los que no temen...
Siento un inmenso vacío:
vacío de comprensión,
vacío de sinceridad,
vacío de cariño y de amor...
siento el inmenso hastío
de seguir viviendo,
la hipocresía del mundo,
y la angustia del terror...
No me basta el amor de mi madre
me aman como aman ellas...
no me basta el amor de alguien,
no hallo sinceridad en los seres
ni encuentro el ser comprendido
algo falta, Señor...
Esto es terrible ¡Oh Dios!
Quiero que me comprendan,
quiero que todos adviertan
que el mundo en que vivimos
es un mundo de cansancio:
es un mundo veloz, fugaz y fatuo,
lleno de angustias.
Hay odios, hay envidias,
hay desprecios y hay dolor,
hay miseria e indigencia.
¿Más...dónde...está el amor?
Ese amor que tú predicas,
ese amor tan humano y divino
¿a dónde se ha ido ese amor?
Diles, Señor, a los hombres
que no me desprecien,
a tus seguidores, que no me persigan,
diles, Señor, que soy como todos
hijo de un mismo padre
Diles a los sacerdotes
que me amen...tal vez
más que los demás...
Un fuego interior me devora,
quema y enfurece...
Es el fuego del rebelde,
del inconforme y desairado,
es el anhelo de ser feo
para censurar a los vanos,
el orgullo y la soberbia,
es el afán de lo exótico
que al adolescente enloquece...
Soy así como me ven:
Expresión de una angustia,
de una carrera sin fín...
De un erial sin dimensiones,
de un desierto sin palmeras,
sin brújula, ni oasis...
soy una cosa rara y extraña
como lo es el mundo,
que se agita y convulsiona,
que se agrieta y se revuelve,
que es incierto, estéril y sin gracia.
Señor, a pesar de todo,
una voz inmensa y poderosa
siento dentro de mí mismo
que censura mis gritos,
mis aullidos y desmanes;
que me dice bruscamente:
“oye mortal, ¿Porqué te sulfuras
te intoxicas y retuerces?
Eleva tu oración de incomprendido...
Y al instante, Señor, nace en mi pecho
la plegaria...
la que tú m enseñaste:
¡EL PADRE NUESTRO...¡
Colaboración de Eliseo Jiménez jr
2005-11-05
