La Subasta del billete
La Subasta del billete
Una subasta es una forma de vender objetos, sea un cuadro de Van Gogh o un muñequito de la Mujer Maravilla en su envoltorio original.
A veces se ven subastas en las películas; abundan los sitios web especializados.
En su forma más tradicional, se muestra el objeto en venta y los potenciales compradores empiezan a hacer ofertas cada vez más altas.
Cuando alguien hace una oferta que ningún otro supera, gana la subasta: paga lo que ofreció y se lleva el cuadro. O el muñequito.
Imaginemos que se subasta un billete de diez pesos pero con reglas un poco especiales.
Como en la subasta tradicional, el que hace la mejor oferta gana la subasta, paga lo que ofreció y se queda con el billete.
Pero a diferencia de la subasta tradicional, también debe pagar el que hizo la segunda mejor oferta. En este caso, paga pero se queda sin nada.
¿Qué pasaría?
El comprador A puede razonar así: «Voy a ofrecer un centavo. Pago un centavo pero gano un billete de diez pesos: un negocio redondo.» Y levanta la mano y ofrece un centavo.
El comprador B piensa: «Si ofrezco dos centavos, mi ganancia será de nueve pesos con 98 centavos. No puede haber nada malo. Mejor me apuro antes de que me gane de mano el maldito de C.» Y ofrece dos centavos.
En este momento, el comprador A piensa: «Si me detengo ahora, mi oferta va a ser la segunda, y estoy obligado a pagar un centavo sin ganar nada. Me conviene subir la oferta a tres centavos, y así gano el billete.» Eso hace.
Luego de esto, el comprador B razona de modo parecido. Ve que es preferible subir la oferta, aunque su ganancia sea menor, antes que pagar sin obtener nada.
La subasta empieza a moverse en un espiral creciente. Un rato después, el comprador A piensa: «El cretino de B acaba de ofrecer nueve pesos con setenta. Mi anterior oferta era de nueve pesos con sesenta. Si me quedo calladito y lo dejo ganar, voy a pagarlos a cambio de nada. Lo mejor es ofrecer nueve con ochenta. Apenas voy a ganar veinte centavos, pero al menos gano algo.»
Ninguno quiere quedar en segundo lugar, pues debería pagar sin obtener nada a cambio. Y para eso, debe subir la apuesta cada vez más y más. Y una vez en el espiral, no es difícil superar la barrera de los diez pesos. Los participantes empiezan a ofrecer más de diez pesos por un billete de diez pesos, no ya para ganar dinero, sino para disminuir la pérdida.
Este juego fue creado por los estudiosos de la teoría de la decisión o teoría de juegos para explicar ciertos procesos de negociación; por ejemplo, las relaciones entre estados en guerra. El mismo principio puede aplicarse a situaciones mucho más cotidianas. Llamás a una empresa y una voz grabada te dice que en un instante vas a ser atendido. Esperás uno, dos, cinco minutos. Esperás diez. ¿Qué hacés? Si cortás, usaste el teléfono por diez minutos a cambio de nada, y quizás justo estaban por atenderte. ¿Te conviene seguir esperando? ¿Cuánto tiempo? O bien: es de noche y hace frío. Vas a la parada de colectivo y esperás. Los taxis pasan pero seguro que el colectivo está por llegar. Después de media hora pensás: «Si tomo un taxi ahora, pasé frío durante media hora al divino botón. Si iba a gastar plata en un taxi, lo hubiera hecho al principio. Mejor espero un poco más.» ¿Cuánto más? O bien: empezás a ver una película en la televisión. Después de un rato comprobás que es una porquería. Pero no cambiás de canal porque, ya que miraste hasta ahí, por lo menos querés saber cómo termina.
