Al dar la vuelta al mundo, ¿ganamos un día?
Al dar la vuelta al mundo, ¿ganamos un día?
Para aquéllos que no han leído a Verne.
Phileas Fog, protagonista de la novela “La vuelta al mundo en 80 días”, de Julio Verne -Willy Fox en la serie de dibujos animados-, creyó haber tardado 81 días en regresar a su Londres natal.
De hecho, eso indicaba su calendario de días tachados y, sin embargo, resultó que habían transcurrido exactamente 80.
¿Por qué? Probablemente por pura suerte, porque depende del rumbo que se tome al iniciar el viaje que se gane o se pierda un día en la travesía.
Phileas acertó.
Cuando se viaja hacia el oriente, cuna del sol, al pasar de un huso horario al siguiente debe adelantarse el reloj una hora.
Así, en una situación tal que se esté justo un paso al oeste de la línea que separa un huso del siguiente y se cruce ésta, al comparar los relojes de este lado con los del anterior, parecería que se ha tardado una hora en cruzar la línea.
Supóngase ahora que alguien con un reloj/calendario da la vuelta al mundo en veinticuatro minutos.
Dado que es una persona puntual, va añadiendo una hora al reloj por cada cambio de huso, de forma que, si sale a la 1:01 de la mañana, al cruzar el primer huso tras el primer minuto su reloj quedaría en las 2:02, al segundo en las 3:03, al tercero en las 4:04 y así sucesivamente hasta cruzar el penúltimo huso, en el que adelantaría su reloj una hora hasta las 0:23.
Dado que su reloj es también calendario, automáticamente pasaría al día siguiente y, no obstante y puesto que ha tardado veinticuatro minutos en dar la vuelta al mundo, simplemente estaría en su casa a la 1:24 del mismo día en el que salió, si bien el reloj indica lo contrario.
Si hubiera ido hacia el oeste, habría sucedido lo contrario en lo que se da como una curiosa paradoja temporal porque, al retrasar el reloj/calendario una hora por cada huso, llegaría de su viaje a la 1:24… ¡del día antes!
