Es un Hecho: Ahorrar es mal negocio
Es un Hecho: Ahorrar es mal negocio
Paradoja del ahorro: Si todo el mundo trata de ahorrar durante una recesión, la demanda agregada caerá y los ahorros totales de la población serán más bajos.
De nuevo los inflacionistas: Foster y Catchings y "la paradoja del ahorro".
Durante la década de 1920, un hombre de negocios norteamericano Wadill Catchings y un profesor de economía compatriota suyo, William Trufant Foster, alcanzaron extraordinaria notoriedad, presentando una vez más las viejas falacias inflacionistas, con una nueva formulación pseudo-científica. Foster y Catchings presentaron su teoría de las crisis económicas en un libro titulado Profits. En una jugada maestra publicitaria y con el fin de conseguir una difusión generalizada, organizaron un concurso y ofrecieron 5000 dólares de premio a la mejor crítica de las teorías que en la obra se exponían, con lo cual invitaban a todo el mundo a refutarlas.
Los autores sostenían en Profits, que "el dinero gastado en los bienes de consumo, es la fuerza que pone en movimiento todas las ruedas de la industria. (…) Para mover las mercancías año tras año sin perturbar la marcha de los negocios, los consumidores tienen que gastar la suficiente cantidad de dinero (…), al objeto de igualar todas las mercancías ofrecidas dólar a dólar". Por tanto, concluían que: "Lo que antes que cualquier otra cosa se necesita para sostener la buena marcha de los negocios es dinero suficiente en manos de los consumidores".1 Ahora bien, seguían argumentando, en ocasiones se presentan situaciones en las que el poder de compra es insuficiente para adquirir la totalidad de la producción a precios que cubran sus costes (el subrayado es mío). Al buscar el origen de esa insuficiencia, concluyeron que factor más importante al que culpar era el ahorro.
Según Foster y Catchings existe una gran diferencia entre el dinero que se gasta en bienes de consumo y el que se invierte. El dinero gastado en consumir, absorbe la producción conforme ésta llega al mercado, en tanto que la segunda clase de dinero (el que se invierte o reinvierte) sirve para volver a producir antes de que se haya retirado la producción anterior. En palabras de los propios Foster y Catchings: "El dinero que se emplea en la producción de bienes, se vuelve a emplear en la producción de bienes antes de emplearse en el consumo"2. El viejo sofisma había vuelto a ser reformulado. Las crisis se producían porque no se consumía lo suficiente y se ahorraba demasiado.
Foster y Catchings formularon pues su "paradoja del ahorro: "Desde el punto de vista de la sociedad, por lo tanto, es imposible ahorrar inteligentemente sin resolver el problema de la adecuada renta del consumidor [para absorber la producción] (…) La sociedad en su conjunto no puede ahorrar a costa de los consumidores en su conjunto." La solución que ofrecieron fue la conocida combinación de inflación y redistribución que, más tarde Keynes acabaría elevando al estatus de principio rector de la política económica gubernamental.
