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26 Marzo 2007

La Biblia y El Sexo

LA BIBLIA Y EL SEXO

La Biblia sigue siendo un libro sagrado para dos religiones y mil millones de personas, lo que obliga a considerarlo como una obra excelente

. Otra cosa son las interpretaciones que a lo largo de los siglos se han hecho de los episodios que relata y los preceptos que instituye.

Lamentablemente, muy a menudo se ha pretendido ver en la letra un espíritu distinto del que en realidad informaba al exegeta.

Esto sucede con especial intensidad en el caso del sexo, cuya visión en el texto sagrado puede diferir de la que cada religión incluso cada grupo se empeñe en pretender.

Pero los textos son muy tozudos, y dicen lo que dicen. Los intentos de torturarlos invirtiendo a veces su significado siguen siendo numerosos, y pueden ocultar el hecho fundamental: el sexo es visto, a lo largo de las páginas bíblicas, como una actividad natural en el hombre y necesaria para la felicidad tanto individual como de la especie.

Lo que no quiere decir, naturalmente, que, como cualquier actividad, no esté sujeta a normas y prácticas, unas adecuadas y otras inadecuadas.

Ya que hablamos de normas, podríamos empezar por su regulación en el Decálogo. El sexto mandamiento dice, literalmente: “No adulterarás” (Gen 20,14).

No lo que a muchos nos contaban los catecismos, “no fornicarás”, ni aún menos la versión más relamida, “No cometerás actos impuros”.

¿Qué diferencia hay entre la letra y las interpretaciones? La palabra “fornicar” (tener sexo fuera del matrimonio) no es condenada fuertemente hasta san Pablo.

Así, por ejemplo, “no sea que se halle algún fornicario o irreligioso como Esaú” (Heb 12,16).

Pero el Antiguo Testamento, de habitual no juzga moralmente el hecho sexual en sí, considerándolo más bien como la asunción de una deuda, un “compromiso”, de modo que podemos decir que, en rigor, la Biblia no se opone a las relaciones prematrimoniales, ni siquiera a las ocasionales.

En todo caso, la “deuda” afecta especialmente al varón, y su reparación puede llegar desde la restauración del honor de la mujer, el cuidado de la prole eventualmente sobrevenida y, en caso extremo, la obligación de contraer matrimonio.

Para los que juzguen insólita esa obligación, recordemos que el “matrimonio por amor” es un invento bastante tardío (seguramente de la época romántica) y el matrimonio tradicional nada tenía que ver: se limitaba a ser un contrato entre hombre y mujer en orden a la asistencia mutua, cuidado de la prole, unificación de los patrimonios, etc.

¿Cuál es, pues, el significado último del mandamiento “No adulterarás”? Si no nos empeñamos en buscarle tres pies al gato, está muy claro: se trata de no engañar al cónyuge, de no traicionar su confianza.

La práctica cristiana, llevada de su obsesión antisexo, ha reducido esta “traición” al aspecto meramente carnal, llegando a interpretaciones tan ridículas como las de Clinton pretendiendo que una felación de la gordita Lewinsky no era un acto sexual.

Allá ellos. Pero está claro que la traición al cónyuge puede revestir muchas más formas, algunas bastante peores.

Por lo demás, la protección a las indeseadas consecuencias de un acto sexual no regulado aparecen en todo el texto, en el que se transparenta la actitud del legislador en torno a sus aspectos más discutibles: por una parte el mantenimiento de esa fidelidad, por otra, la protección de la prole, y a través de ella, de la especie. Así, veamos alabar el sexo lícito, previniendo contra el sexo de las rameras, “No codicies su hermosura en tu corazón, ni te dejes prender en sus párpados” (Prov 6,25), y de las casadas con otro hombre, “Quien comete adulterio carece de seso; el que desea perderse a sí mismo, éste tal hace” (Prov 6,32).

Obtendremos con más claridad esa visión de la Biblia sobre el sexo comentando algunos de sus episodios más conocidos. Un análisis de los parajes sexuales de la Biblia sería eterno, y llenaría libros (ya lo ha hecho). Nos limitaremos especialmente en este artículo a algunos episodios de Génesis, que por su carácter de “epopeya” del pueblo judío nos ilustran mucho sobre sus costumbres y sistema de valores.

Primer texto que choca a nuestra mentalidad moderna: el narrado en Gen 12. Abraham va a Egipto, pues en su país hay hambruna, y dice a su mujer: “Mira, yo sé que eres mujer de hermosa figura, y sucederá que te verán los egipcios y dirán: ‘Ésa es su mujer’, y me matarán a mí, y a ti te dejarán con vida. Di, pues, que eres mi hermana, a fin de que se me trate bien en gracia a ti y conserve mi vida por causa tuya” (Gen 12,11-13). Y, en efecto, llamada por el faraón, Saray convivió con él, lo que indica que debía conservar sus encantos pese a su edad, que no dice la Escritura, aunque Abraham tenía 75 años (Gen 12,4). Lo bueno del caso es que el faraón, al ser castigado (!) por Yahvé con una serie de plagas, se entera de la situación y reprende a Abraham: “¿Por qué no me manifestaste que era tu mujer?... Tómala y vete” (Gen 12,18-19).

Algunos comentaristas añaden, a guisa de excusa, que en efecto, ambos eran hermanos, aunque sólo de padre (!!). Este hecho sólo tiene una interpretación: el sexo no tenía mayor importancia entre los primitivos judíos, desde luego muy inferior al riesgo que podía correr Abraham, prevenido gracias a su mujer.

Otra confirmación. Es la misma Saray la que, pasado el peligro y ante su esterilidad temporal, le dice a Abraham: “Ve y acuéstate con Agar” (la asistenta), a fin de que hubiera descendencia. Y así fue (Gén 16,2). Más tarde, habiendo concebido la propia Sara, Agar fue pagada con la expulsión (Gen 21, 8-10). Su hijo Ismael es cabeza de los ismaelitas (árabes), raza desde luego menos legítima que la judía (a ojos judíos, claro). Recordemos que la Biblia incide muy a menudo en esos episodios simbólicos para elogiar o desprestigiar determinada etnia.

La Biblia nos habla también del pudor. En el conocido episodio de la desnudez accidental de Noé por haberse embriagado, el tema acaba con la maldición contra Cam (Gén 9,20-25), que se había burlado de él, en lo que hay que ver desde luego un nuevo sentimiento, el menosprecio contra los pueblos africanos (camitas).

La homosexualidad es considerada, sin paliativo de ninguna clase, “pecado nefando” en la Escritura. Sin duda el episodio más conocido es el de la llegada de los ángeles enviados por Dios a Lot, el sobrino de Abraham, que vivía en Sodoma, población plagada de homosexuales (a lo que alude la palabra sodomía). En Gen 19,5 “todo el pueblo a una” llama a la casa de Lot diciéndole: “¿Dónde están los sujetos que te han llegado esta noche? Sácanoslos para que los conozcamos”, metáfora que ha quedado como símbolo del acto sexual para la posteridad. Y Lot les da una respuesta ciertamente chocante: “¡Por favor, hermanos míos, no obréis mal!; mirad, os ruego: dos hijas tengo que aún no han conocido varón; yo os las sacaré, y haced con ellas lo que mejor os parezca, con tal que a estos hombres nada les hagáis, pues por eso se han acogido a la sombra de mi techo” (Gen 19,8). Este ofrecimiento, para nosotros inconcebible, nos habla elocuentemente de la fuerza de la ley de la hospitalidad entre los antiguos: al acoger a alguien bajo su techo, uno se hacía responsable de su seguridad, y debía mantener ésta a costa de cualquier sacrificio.

Pero hay más: terminado el episodio, los ángeles reprueban la maldad de los sodomitas y advierten a Lot de la inminente destrucción sobre la ciudad, conminándole a abandonarla “sin mirar atrás” (claro símbolo de la ruptura total que hay que ejercer con la vida viciosa, aunque uno no haya participado en ella). Por el camino, la mujer de Lot sucumbe a la femenina curiosidad, y es convertida en estatua de sal (una leyenda inspirada en las “esculturas” salinas de forma caprichosa que tanto abundan en la zona). Es tan grande la catástrofe que se ha abatido sobre Sodoma y Gomorra, que las hijas de Lot, esas doncellas “que no habían conocido varón”, creyéndose solas en el mundo, se sienten compelidas a repoblarlo. Y para ello el único camino es su propio padre. Entonces, “aquella noche dieron de beber a su padre, y llegóse la mayor y se acostó con él, quien no se dio cuenta ni cuando ella se acostó ni cuando se levantó” (Gen 19,33). A la noche siguiente se repite la misma operación con la hermana menor.

Ambas consiguen su objetivo: la mayor pare a Moab, y la menor a Ben-Ammí. Ambos patriarcas engendrarían dos venerables tribus, la de los moabitas y la de los ammonitas.

La moraleja del episodio, sobre el que la Biblia no realiza juicio de valor alguno, está clara: la perpetuación de la especie está por encima de cualquier otro valor, y por ello las precipitadas hermanas quedan disculpadas de su incesto. El valor supremo que justifica el sexo es la perpetuación de la especie, idea que retomaría enérgicamente la iglesia católica, que llegó a tolerarlo sólo en cuanto estuviera encaminado a este fin, considerando pecaminosas incluso las relaciones entre cónyuges incapaces de procrear.

Sigamos. Muerto Er, esposo de Tamar, por sus iniquidades, el segundo hermano, Onán, toma por esposa a la viuda. Mas según la ley judía, los hijos del nuevo matrimonio serían reputados como del primer hermano. Conque Onán, “cuando se llegaba a la mujer de su hermano, dejaba caer por tierra el semen para no proporcionar a su hermano descendencia” (Gen 38,9). Por ello fue castigado. Lo curioso es que la interpretación tradicional, aparte de condenar el coitus interruptus, condena también la masturbación, considerándola por lo visto una variante del primero… sin mujer. La interpretación está clara en ambos casos: el semen no debe ser desperdiciado.

Todavía tenemos otro episodio, esta vez encomiástico para la castidad: en Gen 39,7-12, la mujer del funcionario Putifar, a cuyo servicio se hallaba José, trata de seducirlo en vano. Despechada, le calumnia y el casto José va a parar a la cárcel, desde donde obrará otros prodigios, interpretando sueños y convirtiéndose en el antecesor de Freud.

Demos ahora un salto de unos siglos. Ya con el pueblo judío erigido en reino, refiere Samuel que el rey David vio desde a terraza del palacio real a una mujer de singular hermosura que estaba bañándose, y quedó prendado de ella. Averiguada su identidad como Betsabé, la esposa del general Urías, “David comisionó a algunos para que se la llevasen, y llegada ella donde él, yació con la misma… La mujer concibió y mandó recado a David, avisándole en estos términos: ‘Estoy encinta’” (Sam II, 11,4-5). Entonces David urde un plan tan torpe como criminal: manda que Urías sea colocado en el punto más peligroso de la acción bélica, donde efectivamente perece. David puede desposar a Betsabé. Curiosamente, el hijo adulterino de ambos será el gran Salomón.

Es notable que la Biblia no se molesta siquiera en aclarar si David recibió algún castigo por su acción, salvo, en todo caso, la que recayó sobre su familia: su hijo Amnón violó a su hermana Tamar (se trata de otra Tamar), con una débil protesta inicial de ésta: “No, hermano mío, no me deshonres, pues esto no se hace en Israel. No cometas tal iniquidad. Porque, ¿dónde llevaría yo mi deshonor? Y tú pasarías por uno de los más infames de Israel. Habla al rey, por favor, porque él no se negará a hacerme tuya” (II Sam 13,12). Nuevamente nos sorprendemos. ¿Es que el incesto no era tal si estaba permitido por el rey? La causa quizás haya que buscarla en que posiblemente el matrimonio entre hermanastros de estirpe regia era legítimo, como en Egipto.

En todo caso, por esta acción Amnón fue muerto por su hermano Absalón. Pero éste, no tan escrupuloso en otras cuestiones, acabó rebelándose contra su propio padre, quien tuvo que huir. Al final, el hijo rebelde acabó muerto, y lo último que sabemos de David es que efectivamente se arrepintió de su pecado, reprendido por el profeta Natán.

En una palabra: el episodio nos revela dos cosas: por una parte, no importa mucho el sexo ilícito con Betsabé, sino el hecho del crimen que David cometió, llevado por él (Betsabé no es culpada para nada). Y, en segundo lugar, algo que nos revela el instinto ferozmente tribal de pueblo palestino: no es castigado tanto David como su familia. En la visión del pueblo israelita, ambas cosas eran lo mismo.

Terminemos por algunas referencias insuperablemente explícitas, como son las del Cantar de los Cantares, que desconcertaron muchas veces a rabinos y padres de la Iglesia, remisos a aceptar lo que la letra decía. Veamos algunos párrafos:

“Esa tu talla semeja a una palmera, y tos senos a racimos” (Can 7,7).

“Tu ombligo es una crátera redonda, ¡nunca te falte en ella el vino mezclado!” (Can 2,2)

O esta otra, de indudable carecer simbólico-erótico: “Mi amado alargó su mano por la hendidura de la puerta, y se me conmovieron las entrañas. Me levanté a abrir a mi amado; mis manos gotearon mirra, y mis dedos mirra abundante sobre la manilla de la cerradura” (Can 5,4-5).

Los rabinos, desconcertados de que tales textos quedaran incluidos en el Canon bíblico, ya en el siglo II aJC opinaron que se referían en realidad al amor espiritual, y que todas sus explícitas menciones eran en realidad símbolos. Más tarde, los cristianos prefirieron ver en el texto el amor de Cristo por su Iglesia. Vano empeño: la letra salta a nuestra mirada y no es fácil, si no se está dispuesto a abandonar el propio juicio y criterio, ver en ella otra cosa de lo que dice.

servido por Ciudadanodelmundo 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

cyanpeace

cyanpeace dijo

Bueno, la interpretación textual puede ser muy traicionera, pijo. Acaso olvidas que cualquier texto no sólo es interpretado en otro sitz im leben, sino que tiene su propio contexto que se debe conocer muy bien, para entender la intención del texto? El sitz im lebem de la Biblia es eminentemente religioso y juzgar textualmente para oponerse a la interpretación de una tradición religiosa es algo, muy osado. Tendrías que demostrar otro sitz im leben y tú sólo aportas datos sobradamente conocidos y aceptados por esas mismas tradiciones religiosas. Ninguna de esas tradiciones condena el sexo y efectivamente, el adulterio es reprobado pero se perdona en favor de la vida... qué quieres decir de nuevo... no lo entiendo.

31 Marzo 2007 | 01:29 PM

Eliseo Jiménez D.

Eliseo Jiménez D. dijo

Para Cyanpeace:

La verdad casi no puedo traducir la jeringonza con que te expresas, pero según pude entender aceptas que hay que saber comprender el contexto de la Biblia, y creo que preguntas ¿que pretendo al publicar el artículo "La Biblia y el Sexo"?... pues demostrar que este documento no es tan sagrado y mistico como algunos supuestos y autonombrados líderes mesiánicos(?) hacen creer a un grupo de individuos de mente frágil que se dejan lavar el cerebro con la lectura de este libro y para beneficio de sus ya enriquecidas arcas, menguandoles sus escasos recursos al tiempo que los vuelven fanaticos sectareos.

La Biblia esta demostrado es un libro escrito por hombres comunes y corrientes, que de santos no tenían nada, es más en este libro hallará muchisimas referencias a perversiones sexuales como incesto, pedofilia, homosexualidad, Adulterio, abortos,prostitución, orgías , bacanales, infidelidad, amén de muchisimos asesinatos, masacres y maldades que en esa epoca como en la actual eran lo más cotidianas y nadie se santiguaba por eso.
La sexualidad es naturalmente la esencia del hombre desde su mismo origen y el que una religión o secta manipule esto para mantener alienados a sus creyentes en verdad es la mayor perversión jamás hecha por el mismo hombre! Un saludo

31 Marzo 2007 | 04:12 PM

Martha

Martha dijo

Me identifico con el comentario de Cyanpeace. Añadiría que la Biblia no es un libro cualquiera, no se lo puede tomar literalmente ni interpretar con la mente porque es un libro espiritual. Mientras uno lee todos los demás libros, la Biblia te lee a tí, es decir que cuando la estás leyendo te encuentras en ella, te confronta. Es algo maravilloso, no importa lo que te anime hacia ella, lo encontrarás, acorde a esto tú puedes catalogarte sin equívoco. Entonces analiza tu artículo y tómalo como un espejo, mírate en él porque eso eres tú y no lo que quieres dar a entender que ES la Biblia.
En fin, yo diría que es un desafortunado artículo y si eres capaz de ser verdadero entenderás por qué.

17 Mayo 2007 | 08:52 PM

ELiseo (Autor)

ELiseo (Autor) dijo

Para Martha:

Tu opinión es válida aunque no este de acuerdo con ella, en este blog hacemos uso de la democracia más simple y llana por lo cual todas las expresiones son igual de importantes, otra cosa es estar de acuerdo con tu filósofia un tanto sectarea, que es precisamente el fín que tiene el artículo: Remover la conciencia de los potenciales lectores para que no se dejen lavar el cerebro por estos manipuladores que viven con la Biblia bajo el brazo, pero sus vidas personales y espirituales son de lo más pervertidas, malignas y tenebrosas.
Personalmente conozco seres así que predican pero no aplican, haciendo mofa de una creencia en cualquier religión pero lucrándose a expensas de estos pobres ígnaros que los siguen como si de verdaderos mesías se tratase. Un saludo

17 Mayo 2007 | 11:43 PM

Martha

Martha dijo

Mi comentario no ha sido cayendo a bibliazos con versículos, porque aunque crea en la Biblia se debe respetar la creencias ajenas. En cambio, tu artículo está lleno de versículos escogidos para tu fin. Ni siquiera están completos, por lo que dispersos pueden interpretarse como quiera. Todo libro tiene una concatenación, no puedes sacar un pequeño texto apartándolo del contexto, pues se convierte en un pretexto para desdibujarlo. La Biblia es un solo libro, su primera página se compagina con todas las demás hasta la última. A nombre del respeto que todos nos merecemos, sigo creyendo que es lo mejor aplicar la mesura al poner a opinión ciertos temas. Ahora gracias a este artículo tú puedes sacar el provecho de ver quien eres. Tal cual ves a la Biblia, así eres tú.

21 Mayo 2007 | 11:04 PM

Eliseo Jiménez D.

Eliseo Jiménez D. dijo

Para Martha:

Es evidente que tu recalcitrante sectarisno aflora casi que inconscientemente, parafraseando a Emil Cioran "El fanático es incorruptible: tanto si mata por una idea o si es asesinado por una; en ambos casos, tirano o mártir, es un monstruo".

Y como alguna vez expresó tan contundentemente Engels:"La religión no es otra cosa que el reflejo fantástico que proyectan en la cabeza de los hombres aquellas fuerzas externas que gobiernan su vida diaria, un reflejo en que las fuerzas terrenales revisten la forma de poderes sobrenaturales".

Ahora pasando a tu comentario un poco altisonante y por demás ofensivo, ya que para disentir no es necesario agredir estoy de acuerdo con lo que alguna vez dijo el Reverendo Charles Kingsley :"Hemos utilizado la Biblia como si fuese el manual del gendarme, una dosis de opio administrada a las bestias de carga, para que no se muevan mientras se las sobrecarga, un simple medio de hacer que los pobres se estén tranquilos".

Mi criterio es que tú que dices ser tan ferviente seguidora de la Biblia eres tan fanática e intolerante pienso que antes de predicar debes practicar y aplicar ya que pides "mesura" pero actuas con total impostura desacreditando mi concepto, si leer la Biblia me convierte en como eres tú, "prefiero seguir siendo ateo gracias a Dios" y mantener mi postura. Un saludo

23 Mayo 2007 | 10:58 PM

Martha

Martha dijo

Eliseo:

No es bueno generalizar. Estar seguro de que creer en Dios y la Biblia son sinónimo de religión es un estereotipo, también lo es, que por la misma razón me catalogues de manipuladora, sectarea recalcitrante, "mounstruo", altisonante y ofensiva, fanática e intolerante, ¡cuánta finura! No tengo religión, la religión es un dogma, una imposición y un invento humano para fines poco cristianos. Me considero libre, tengo una RELACION con Dios, y precisamente porque me considero libre me permito dar mi opinión, porque me parece que este espacio es para eso, si es disgustante para tí, pásalo, al final yo me voy y no volveré pero tú te quedas. Eres afortunado de tener un blog.
Me preguntó qué ofensa te hice, acaso es ofensivo decir que escogiste versículos para el fin que persigues con tu artículo? Cualquier trabajo realizado con solo una muestra del material utilizable es subjetivo. Esto te ofende? Entonces te ofendió decirte que tu escrito habla de tí, que es un espejo en el que te puedes ver, y así es, todo lo que hacemos tiene nuestro propio sello personal, eso es irremediable.
El sarcasmo y burla que aplicas hacia mis creencias ni todos tus epítetos me hacen sentir insultada ni ofendida (al contrario, son para mi un galardón), uno se siente insultado u ofendido cuando es tocado en algo que duele. Lo único que a mí me duele es que Dios no sea parte de tu vida, y por esto no puedo ni criticarte ni condenarte, es un asunto personal. para mí eres un ser humano con mis mismas posibilidades, con la misma vulnerabilidad. Espero que te vaya bien.

P.D. Lo mejor es hablar por uno mismo, lo que otros digan debe estar acorde a su propia realidad: de la abundancia del corazón habla la boca.

24 Mayo 2007 | 11:13 PM

Eliseo Jiménez D.

Eliseo Jiménez D. dijo

Para Martha:

Ante tu sentido disgusto sólo tengo que parafrasear a John Adams:"Este mundo sería el mejor de todos los mundos posibles si no hubiera ninguna religión."

Cada vez estoy más convencido que "La diferencia entre una religión y un espejismo es el número de personas que la comparten".

Por lo tanto siendo justo y sin ánimo de agraviar recapitulo que sea la creencia que tengas debes ser consciente del poder manipulador de estas sectas, que es lo más nefasto que le ha sucedido al hombre desde su mismo origen. Un saludo

Post-Data: Otros 2 axiomas que me gustaría que leyeras:

"No hay más ignorantes e inútiles que aquellos que buscan respuestas arrodillados y con los ojos cerrados".

"Reza lo que te de la gana pero no dejes de remar hacia la orilla".

26 Mayo 2007 | 04:06 PM

Martha

Martha dijo

"Tú verás que los males de los hombres son fruto de su elección; y que la fuente del bien la buscan lejos, cuando la llevan dentro de su corazón." Pitágoras de Samos.

"Sobre CUALQUIER cosa que uno ponga la atención, eso mismo recibirá; si es malo, mal recibirá; si es bueno, bien recibirá; recibimos la misma cualidad en la que mantenemos nuestra mente." S. G.

29 Mayo 2007 | 11:11 PM

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En todo el mundo no hay nadie como yo. Soy dueño de mi cuerpo, mis pensamientos, mis ideas; me pertenecen las imágenes que ven mis ojos y tengo que saber escogerlas. Poseo mis propias fantasías, mis sueños, esperanzas y miedos. Dado que soy dueño de mí mismo, tengo que conocerme íntimamente.Hay aspectos de mí que me confunden, otros que desconozco. Sin embargo. esté o no de acuerdo con todo lo que soy, esto es auténtico y representa el momento en el que vivo. Me amo, me cultivo, me consiento y me felicito,para amarme, tengo que ser yo mismo, amarme con mis virtudes y mis defectos, mi pasado, mis éxitos y mis fracasos. Descubro mis capacidades, mis valores, transformo mis defectos en cualídades, lucho por mejorar. Para cultivarme, me señalo un plan de estudios, de lectura, de conocimientos que me ayuden a superar, de amigos que sean impulso y soporte de mi superación. Me alejo de todo ser, hecho, o acto que pueda lesionarme. Para consentirme me premio de pensamiento y obra porque estoy en el camino de la superación. Me hago un regalo.Me miro al espejo y le hablo a ese amigo maravilloso y perfecto que siempre confía en mí. Y me felicito porque, Bueno soy estupendo! Me amo!

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