La Guerra y sus consecuencias
Un hombre mayor, italiano, que vivía en las afueras de Nápoles, fue a la iglesia local a confesarse.
Era Semana santa del año 2007 y aprovechó para hacerlo.
Cuando el sacerdote abrió a los penitentes el confesionario, el hombre dijo:
—Padre, en 1945 durante
—¡Ésa fue una cosa maravillosa que has hecho, hijo!—, contestó el sacerdote. —No tienes la necesidad de confesar eso.
—No, Padre, es que ella empezó a agradecerme con ‘favores sexuales’.
—Estando en gran peligro y bajo esas circunstancias, dos personas pueden ser muy tentadas a actuar así. Pero si lo sientes verdaderamente, estás perdonado de hecho.
—Gracias, Padre. Le ha sacado usted una carga a mi alma. Pero tengo una duda más.
—¿Y cuál es, hijo?
—¿No cree que yo debería decirle que la guerra ya terminó?
