Quiero morir (Carta a un politico): La Eutanasia como derecho
Si. Quiero morir. Pero no me dejan. No lo entiendo. ¿Dónde está mi libertad?
Vosotros, los que me negáis este derecho, habéis olvidado que estáis donde estáis porque así lo hemos querido todos, y también habéis olvidado que vuestra obligación es la de proveer en todo lo posible nuestras necesidades... Y no estáis haciendo nada de eso.
¿A santo de qué podéis negarme el derecho a disponer de mi existencia? Mi cuerpo es mío, y yo debo tener la libertad de disponer de él a mi libre albedrío.
Claro, que es posible que lo que estoy pidiendo sea una incongruencia, porque para poder morir hay que estar vivo. Y a lo que yo tengo, no se le puede llamar vida.
Yo pertenezco a ese grupo de personas (somos muchos), que nos encontramos en una situación muy especial. No tenemos ni la más mínima calidad de vida. Nuestra “no calidad de vida” se muestra de muy diversas formas: inmovilidad total, dolores muy intensos y constantes, sufrimientos sin fin, imposibilidad de sentir y disfrutar del latido de esa vida, que notamos y sabemos que existe en derredor nuestro, etc...
No obstante, tenemos dos cosas en común: El sufrimiento de todos los que nos rodean -amigos y familiares-, y sobre todo nuestra mente lúcida.
Y esa lucidez de mente es la que me avala tanto a la hora de expresar mi deseo de morir, como a la de exigir que se me faciliten los medios para llevarlo a cabo. Y en algunos casos a que se nos ayude a lograrlo, pues nuestra imposibilidad para hacerlo es total y absoluta.
No me sirven ninguna de las frases al uso que todos conocemos, y que no voy a repetir aquí.
Tal vez, sólo tal vez, en un mañana se pueda encontrar remedio a mi mal. Pero esa será, tal vez, en un mañana. Mi problema, mi inmenso problema, es el hoy.
He aprendido a leer las caras de todas las personas que tengo a mi alrededor. Y me refiero a las expresiones verdaderas. Esas que todos esconden detrás de la máscara que se ponen en mi presencia.
Veo la impotencia que sienten al no poder hacer nada para mejorar mi existencia. Veo el sufrimiento que padecen al imaginarse el mío. Veo su miedo al hablar conmigo, intentado escoger los temas de conversación con mucho tiento, para no mencionar, por descuido, lo bonita que es esta mañana de primavera, porque saben que yo no puedo disfrutarla, o lo maravilloso que ha sido ese viaje por la montaña, o por esos pueblos tan pintorescos, porque saben que yo no puedo ir... Y sobre todo, veo la enormidad de su continuo sacrificio, al tener atada a su cuello esta inmensa piedra de molino que es mi pseudo vida.
Todos ellos están conformes con mi decisión. Cierto es que no todos la comparten, pero como un acto supremo hacía mí, la respetan porque es mía.
No quiero continuar como estoy, pues lo que tengo es un infierno en vida. Nadie puede comprender mis lágrimas cada mañana, cuando me despierto para descubrir que estoy avocado a enfrentarme de nuevo a otro día de padecimientos sin límite, o con la sola perspectiva de continuar mirando el mismo trozo de techo que me permite la movilidad de mis ojos, porque no he tenido la suerte de morirme mientras dormía, que es lo que más deseo en este mundo.
Es por esto que repito mi pregunta, ¿dónde está mi libertad...?
