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ciudadanodelmundo

29 Enero 2009

La oración del arriero: El Indio Rómulo

Señor:

Tú que me diste la sencilla alegría

De andar de madrugada en madrugada

Despertando caminos que llevan al trabajo,

Mientras sube a mis venas la tierra enamorada;

 

Tú que encendiste el sol encima de mis mulas

Y me diste un carriel y unas cotizas y un rústico “yesquero”

Y un arriador trenzado de paisajes

Y un pan honrado y un pan sincero;

Tú que cuidas mis hijos y mis viejos

Y mi ranchito lleno de goces franciscanos;

Tú que me diste un tiple que canta como el agua labrantía

Que baja de lavarle a Dios las manos;

 

Tú que velas mi suelo después de la jornada

Y ajustas al corpiño de mis eras el broche de la rosa;

Tú que haces florecer los arrayanes y endulzas los mortiños

Y repites tu cielo en los ojos sumisos de mi esposa;

 

Tú que me diste un alma campesina

Que cree en las campanas que llaman al rosario

Y que se aprieta, igual que una mulera,

Las indulgencias del escapulario;

 

Tú que me hiciste simple, con inédita arcilla de montaña

Y me enseñaste a perdonar la herida

Y a ver en tu evangelio de los pobres

La verdad, el camino y la razón eterna de la Vida;

 

Hazme instrumento de tu paz cristiana,

De la que necesitan mis maizales.

De esa paz que consuela los trapiches

Y echa a rodar canciones entre los cafetales;

 

Señor: haz que donde yo vaya

No llore un niño ni haya un padre ausente

Con esa ausencia amarga, con esa ausencia roja

Que arruga los claveles a la altura del pecho y de la frente;

 

Que no “ tope“, Señor, junto a la “ trocha”,

Al lado del yarumo solitario,

A una madre que enreda sus entrañas

En los rústicos brazos de un calvario.

 

Hazme señor, la gracia de ser tu mensajero de cotizas;

Que donde llegue yo con mi mulada,

Sea la tierra buena y esté la fe junto al fogón prendida

Y el saludo sea simple y no tenga violencia la mirada;

 

Que el labriego no esconda la semilla

Por miedo al bandolero;

Que no haya hilos de sangre en los machetes

Ni cruces de madera en el lacre cansado del sendero.

 

Que el leñador regrese por la tarde

Con su fatiga al hombro, como cargando un trino;

Que en el rancho, la lampara votiva

Queme aceite y no llanto campesino.

 

Que si hay niños sin madre y sin juguetes,

Tengan, al menos, su ración de cielo;

Que no zurza responsos la abuelita

Ni fume más ausencias el abuelo.

 

Tú que inventaste el trompo de “guayabo”

Y la muñeca de cartón y la sombra pequeña del niño montañero,

Hazle a los huerfanitos sin amparo

Aunque sea un amor de muñequero.

 

Diles que allá en tu reino,

Donde la espina sirve para coser el velo de la luna,

Está la madre remendando nubes

Para los niños que dejo en la cuna.

 

Yo que todos los días, desde que el sol despierta,

Llevo sobre mis mulas un “joto” de paisajes,

Quisiera ser un santo: San Juancho de arriería

Para rezar la patria que me aprendo en los viajes.

 

Y decir en las fondas: hermanos de mi angustia,

Barro del mismo barro, semillas de mi ancestro:

No asesinéis la patria que la patria es tan dulce

Como en el niño pobre la voz del Padrenuestro.

 

Yo he visto madrugadas de Antioquia y del Tolima,

Son frescas y son pródigas como frutas maduras.

Allí la tierra curva un himno de azadones,

Un himno de retoños y un himno de herraduras.

 

Acompañadme, hermanos, por la región del Cauca

Y os mostraré la piedra en moldes de hidalguía.

En Popayán cabalga de espuelas la esperanza

Y es sobre los blasones que se desmaya el día.

 

Vamos a pie por Caldas y entremos al Quindío;

Visitemos, de noche, sus aldeas dormidas,

Y los cafetos niños nos dirán que el futuro

Está esperando flores y no llantos y heridas.

 

Bajemos a Nariño. Silencios virreinales

Nos dirán que Colombia tiene estampa aldeana.

No le pidáis violencia a quienes son tan claros

Como en sus campanarios la voz de la campana.

 

En el valle del Cauca, corazón del azúcar,

En donde las palmeras son sombras de María

No cabe la tristeza ni un muerto por rencores

Porque nunca se ha visto de luto una sandía.

 

Sigamos tras las mulas al litoral de yodo

Y de arenas que cantan y de olas que besan;

El costeño no puede silenciar la alegría

Porque allí sangre y danza son dos ritmos que rezan.

 

Vamos a ver los Llanos donde el cielo va al anca

De los potros salvajes de cascos sobre el viento.

En su esmeralda cabe el corazón de América

Pero su paz se arruga con un remordimiento.

 

Por Boyacá he pasado: gente sencilla y buena

Para quien es la Virgen su novia campesina.

Si un boyacense mata se entristece el paisaje

Porque en las romerías ya falta una guabina.

 

También he recorrido la fría altiplanicie

Donde el viejo Bochica peinó una catarata;

Y dentro del florero de González- Llórente

La libertad tenía rumor de serenata.

 

En el Choco he sentido más liviano el platino

Que el amor de la raza por su tierra bendita.

En el San Juan, los bogas hunden sus ojos negros

Para pescar canciones y ancestros de ebonita.

 

Tierra Santandereana: descalzo mis cotizas

Para entrar en tu historia de sangre comunera.

Tiene tanto heroísmo, que bastaría El Socorro

Para hacer otra patria si Colombia muriera.

 

Después de los combates tú tienes voz de agua

Y empujas tus bambucos como empujando un río.

Cuando un Santandereano tiene en su mano un tiple,

Es porque la bandera se le ha vuelto rocío.

 

Así quisiera hablarles, yo Juancho de Arriería,

A todos los hermanos de esta patria olvidada.

Hazme, Señor, la gracia de ser tu mensajero

De corazón sin odios y de conciencia honrada.

 

Y si tú me permites que yo hable como arriero

Y bendiga la tierra con fe y con mansedumbre,

Tal vez no haya más niños sin pan y sin juguetes

Y no haya más hogares sin amor y sin lumbre.

 

Tú, Señor, que me diste la sencilla alegría

De tener un ranchito lleno de tu presencia,

Déjame ser lo mismo que el Pachito de Umbría

Para amansarle al lobo su instinto de violencia.

 

Y verás que los hombres vuelven a ser felices

Y que en los campos tornan a florecer las eras,

Y un vendaje de olvidos, perdones y raíces,

Le curará a la patria sus cruces de madera.

 

Autor: Jorge Robledo Ortíz

servido por Ciudadanodelmundo 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

anonimo

anonimo dijo

mmmmmmmmm........qEQCImba

23 Enero 2010 | 02:04 PM

Pedro Jesús Duarte Lizarazo

Pedro Jesús Duarte Lizarazo dijo

Me gusta mucho la poesia pero no he encontrado fondo musical para declamarlas, me gustaría saber como hacerlo, porque las pistas de música clásica no las puedo acomodar ya que el ritmo y los contrastes de suave a alto son pronunciados y no cuadra.

4 Diciembre 2010 | 01:06 PM

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En todo el mundo no hay nadie como yo. Soy dueño de mi cuerpo, mis pensamientos, mis ideas; me pertenecen las imágenes que ven mis ojos y tengo que saber escogerlas. Poseo mis propias fantasías, mis sueños, esperanzas y miedos. Dado que soy dueño de mí mismo, tengo que conocerme íntimamente.Hay aspectos de mí que me confunden, otros que desconozco. Sin embargo. esté o no de acuerdo con todo lo que soy, esto es auténtico y representa el momento en el que vivo. Me amo, me cultivo, me consiento y me felicito,para amarme, tengo que ser yo mismo, amarme con mis virtudes y mis defectos, mi pasado, mis éxitos y mis fracasos. Descubro mis capacidades, mis valores, transformo mis defectos en cualídades, lucho por mejorar. Para cultivarme, me señalo un plan de estudios, de lectura, de conocimientos que me ayuden a superar, de amigos que sean impulso y soporte de mi superación. Me alejo de todo ser, hecho, o acto que pueda lesionarme. Para consentirme me premio de pensamiento y obra porque estoy en el camino de la superación. Me hago un regalo.Me miro al espejo y le hablo a ese amigo maravilloso y perfecto que siempre confía en mí. Y me felicito porque, Bueno soy estupendo! Me amo!

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