Un juego matemático, un problema de aritmética recreativa, un acertijo numérico motiva más a un muchacho que lo que haría un obsoleto y mediocre profesor que confunde con sus farfullas y balbuceos incoherentes e incomprensibles...
El juego y la belleza están en el origen de una gran parte de las matemáticas. Si los matemáticos de todos los tiempos se lo han pasado tan bien jugando y contemplando su juego y su ciencia, ¿por qué no tratar de aprenderla y comunicarla a través del juego y de la belleza?
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Es claro que, especialmente en la tarea de iniciar a los más jóvenes en la labor matemática, el sabor a juego puede impregnar de tal modo el trabajo que lo haga mucho más motivador, estimulante, incluso agradable y, para algunos, aun apasionante. De hecho, han sido muchos los intentos de presentar sistemáticamente los principios matemáticos que rigen muchos de los juegos de todas las épocas.
Miguel de Guzmán
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