Perogrullo se pasó de sandio con sus redundancias más famosas y bobas...
Personaje o ente quimérico, extravagante, ridículo, que se supone haber existido y dejado una preciosa colección de sandeces, apotegmas, axiomas y verdades como estas:
Cuatro huevos son dos pares.
La mano cerrada se puede llamar puño y aun de hecho se llama así.
Cuando no se tiene frío, es que se ha entrado en calor.
Al que le quitan la vida, de seguro le matan.
El que gasta el último cuarto de su última peseta, regularmente se queda sin ella.
Casi se puede afirmar, sin temor de ser desmentido, que no ven objeto alguno los ciegos de nacimiento.
Lindezas de este jaez, que son simplezas de a folio, pifias de marca mayor, pertenecen al género, al gusto y al estilo del incomparable Perogrullo. Motivos hay, sin embargo, fundados en la misma naturaleza de ciertos patanes socarrones, aparentemente bobos, y en el fondo nada lerdos, antes muy avisados y advertidos; motivos hay, repetimos, para creer que haya existido un gracioso de este nombre, segunda edición de Bartolo, si, más antiguo quizá, no ha servido de prólogo a la primera. Sentimos que la Academia nada nos diga acerca de tan interesante sujeto, limitándose a nombrarlo una sola vez en la palabra perogrullada, naturalísimo derivado suyo.
Francisco de Quevedo, en 1622, incluyó diez profecías o perogrulladas célebres en el libro Los Sueños entre las que destacan:
Muchas cosas nos dejaron
las antiguas profecías:
dijeron que en nuestros días
será lo que Dios quisiere.
Si lloviere hará lodos,
y será cosa de ver
que nadie podrá correr
sin echar atrás los codos.
Las mujeres parirán
si se empreñan y parieren,
y los hijos que nacieren
de cuyos fueren serán.
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