He aquí la verdadera esencia del ateo, ser consciente de la realidad que lo rodea y disfrutar al máximo la vida...
No creer en Dios es creer sólo en mí mismo y en lo que veo alrededor de mí. Sin un Dios, yo soy Dios. Me erijo a mí mismo en el Dios de mi mundo. Adoro a dioses fabricados por mí mismo: dinero, poder, prestigio, aprobación, cosas... Insisto en que no voy a adorar nada que no pueda ver, y así, en sentido inverso, adoro todas las cosas que veo, con todas sus limitaciones y con todo lo que hacen para limitar el ámbito de mi alma.
Joan Chittister, "En busca de la fe"
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